Para: Xaviera con jota
Tong estaba triste porque en la semana vendría a visitarlo su nieto preferido y aún no había resuelto su problema energético.
Hacía justamente quince lunas que se había declarado inaugurada la Edad del Hierro; él era un hábil artesano y quería aprovechar ese metal para una de sus obras ¿pero como trabajarlo? ¿Cómo hacerlo adquirir las formas ideales que soñaba?
Cuando llego su nieto lo vio triste y cabizbajo, sentado al borde de un barranco viendo pasar las manadas de caballos y tras ellos los lobos pretendiendo cazar alguno.
Ting, que ya sabía las tristezas de su abuelo, trató de consolarlo:
-Puedes- le dijo con su mejor voluntad –pedir un equipo de acetileno a Steel Corporation. Les pagaras con pieles de mamuts o con nuestro Plesosaurio, abuelo-.
-¡Oh!, ¡hijo!- le contestó Tong -¿acaso has olvidado que esos costosos equipos, de aquí a treinta mil años, recién estarán apareciendo?
-Es verdad, abuelo- contestó Ting –pero entre tanto puedes ocupar a Tung, nuestro dragón.
Y Tung desde entonces permaneció en el taller de Tong haciendo de fragua, y transformando el nuevo metal.
Y así fue como progresó la Edad del Hierro, aunque ése, como muchos otros secretos se han perdido en las nieblas de la historia.
Yucatán, Mérida, México MCMXCVII